lunes, 2 de diciembre de 2013

Esta es Sara

- ¿Qué fue? ¿Qué pasó?
- No lo sé. Solo se que no acierto a saber cuál es la verdad.
- ¿Cuál es tu verdad?
- Mi verdad es el amor por eso estoy tan jodida.
-¿Te han hecho daño, Sara?
- Sí, desde pequeña. Mi vida siempre ha sido un mal sueño, una pesadilla donde nunca sabes qué hora es.
- ¿Cuántos años tienes?
- Creo que 33 o no, no lo sé. Tal vez los cumpla el año que viene, no sé en qué mes pero creo que soy Cancer. Por eso lo de la Luna que siempre parece que está cantando una canción muy triste pero es que la banda sonora de mi película es muy triste porque mi vida es una verdadera putada.
- ¿Has estado con algún chico alguna vez?
- Bueno, solo con diez. A mi me encanta tener el pelo corto y siempre les decía que me lo cortaran y ellos lo hacían. Es que nunca he encontrado a ningún chico bueno. Tal vez quede alguno, en las estrellas, bajo mis pies, en esas golosinas que me gusta comer aunque ya no sea una niña.
- ¿Te sientes una niña?
- Pues no. Porque de niña te sientes feliz o, al menos, un poco, no sé, al menos.
- Entonces ¿te sientes una mujer?
- Pues tampoco. Porque las mujeres saben lo que quieren y son femeninas y yo ni se lo que quiero ni soy femenina. Verá, yo tengo algo en mi sexo. Sí, me da vergüenza confesarlo pero yo tengo algo en mi sexo que vuelve a los tíos en unos verdaderos hijos de puta. Yo quería tener otro hijo y le engañé ¿Por qué es tan fácil?
-¿Fácil? ¿El qué?

- Meter la pata. Que siempre salga la cara por la que no has apostado y, sobre todo, no poder olvidar.
- No le puedes olvidar ¿verdad?
- Pues no, porque sus ojos eran tan claros como un estanque protegido que jamás ha sido tocado por los dedos sucios de ningún ser humano, porque sus cabellos eran hilos de oro, porque su sonrisa era perfecta, perfectamente blanca como cuando jugaba en la nieve con mi niño.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Pues... no sé. Tal vez coleccionar figuritas.
- ¿Te gustan las figuritas?
- Pues no, porque son estáticas y están muertas. Una vez conocí a un muerto: mi padrastro. Su rostro era impávido, impertérrito, completamente inmóvil. Tampoco movía los pies, ni las piernas, ni los brazos... entonces comprendí, aunque aún era muy niña que la "Vendedora de fósforos" no murió bajo una farola helada de frío sino envenenada. Ella miraba tras las ventanas de las casas de las calles y veía y sentía la felicidad de una familia y a la luz de un fósforo imaginaba cosas maravillosas. ¿Dónde estará ahora la "Vendedora de fósforos"?
- Solo es un cuento, Sara.
- No, yo creo que no. Yo creo que al fin ríe junto a los ángeles.
-¿Volverás allí?
- Supongo que sí, pero no sé cuando.
- Hace frío, mucho frío Sara. Vete a un lugar donde de el Sol.
- Sí, me encanta el Sol. Su abrazo no se parece al de ningún ser humano.
- Claro porque es un astro.
- Si pero piensa, siente, ríe, llora. Fuego eterno.
- ¿El infierno?
- No peor aún: el amor.

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