- Y ¿Qué piensas hacer ahora, Sara?
- Pues no lo sé todavía. A veces siento mucho frío y otras mucho calor. A veces me como una galleta de chocolate y veo a una pareja besándose apasionadamente y otras veces solo puedo leer unas pocas frases de una novela romántica porque... bueno... la verdad... son todas malísimas pero miro al infinito y entonces veo una sonrisa extraña, que no me gusta y cuando me quiero dar cuenta hay un chico a mi lado que sonríe igual y pienso "¿será una señal?" "¿Es que alguien me quiere decir que debo estar con ese chico?" Y el caso es que él sonríe al ver que le estoy mirando, pero sin maldad, como un niño y me da una pista para saber hacia dónde debo tirar y yo haciendo los mismos gestos que un dibujo manga y él metido en averigua tú qué líos pero yo no quiero líos solo quiero liarme con un chico bueno, pero no puedo.
- No quieres tener a un chico por tu veneno ¿no?
- Sí, y porque soy tonta. Al final acabarían maltratándome y siéndome infieles incluso me cogerían envidia porque creo que aún valgo para algo.
-Pero eso es porque eres genuina. Un diamante en bruto, solo que enterrado o dentro de un cofre bajo el mar. Quien lo encuentre se llevará el premio gordo.
- No, quien lo encuentre será comida para los parásitos. Pero es que ¿usted no se da cuenta de que yo nunca he sido yo?. De que mi rostro no es mi rostro en realidad de que mis gestos no son mis gestos. Ellos me manejan como los hilos de una marioneta y yo todavía me pregunto de qué estoy hecha. Si no reacciono me dejarán morirme.
- Sí, pero es como cualquier comida. Algún ingrediente tuyo quedará ¿no?
- Pues creo que la creatividad y la comprensión ¿Y los parásitos? ¿Son de Dios? ¿Son del Demonio?
- Pero si tú no crees en Dios. Antes me lo has dicho.
- Entonces ¿Del bien o del mal?
- Atacan al bien.
- Eso quiere decir entonces, ¿que soy buena?
- Eso tienes que descubrirlo tú.
- Soy mayor de edad, bastantes años más que 18. Si no lo he descubierto ya puede que solo me de cuenta cuando esté entre gusanos.
Sara se cansó de escribir en la escalera de un portal porque todavía era de día y no tenía que levantarse a encender la luz cada cinco segundos. Pues aún así se cansó y no solo eso sino que también se hartó de escribir a la puerta de un bar, en un banco sin sol, muerta de frío porque ahora sí, esta vez sí había anochecido. Así que por fin volvió a su casa y por fin se quedó dormida. No, no pudo. No, en realidad no se quedó dormida. Sobre una almohada blanda, mullida, llena de dibujos imposibles como las imágenes que siempre acuden a su cabeza. Y la voz seguía preguntando.
- ¿De qué tienes miedo?
Y ella tenía miedo precisamente de eso. De quedarse dormida solo que no lo pudo decir. Muda como una muñeca de porcelana solo que no tan fría ni con un rostro tan espantoso.
- Bueno, Sara y ¿qué piensas cuando te miras en el espejo?
- Pues pienso que no soy yo. En realidad, no sé como verdaderamente soy. No sé cuál es mi verdadero rostro ni mi verdadero cuerpo.
- Pero ¿te gustas?
- Pues no, porque no soy yo y aunque fuera yo tampoco me gustaría.
- ¿Cómo crees que eres en realidad?
- Creo que soy morena, con el pelo liso y el rostro ovalado. Los labios finos, los ojos grandes y una sonrisa amplia y hermosa. Creo que soy bastante delgada y de ese tipo de chicas a las que cualquier cosa les sienta bien. Ah, y nada de nariz griega, nariz pequeña.
- No pareces ignorante.
- Ignorante tal vez no tanto pero sí tonta. Tontísima.
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