jueves, 26 de diciembre de 2013

No hay más que nada, nunca, nadie

- Creo que tú eres un buen regalo.
- Sí, pero que no gusta. Que no es el del gusto de nadie.¿Crees que alguien querrá quedarse conmigo? Tendré que seguir haciendo la películas y esperar y no desesperar. En la estación, sentada en un banco como Penélope. ¿Y si el tren nunca llega? ¿Y si de él baja un montón de gente menos mi chico? Me querría morir.
- Tal vez seas tú la que deba coger un tren.
- ¿Y si lo pierdo?
- Pues otro llegará. La oportunidades para una chica como tú no se pierden tan fácilmente.
- Es que soy muy despistada, porque estoy fueriosa como la brujita del cuento.
- En tonces coge una escoba y vuela un ratito por el cielo. Todas las brujas están fueriosas.



Sara sonrió. Con una sonrisa que iluminó el mundo entero y por un momento la humanidad se sintió bien.

GRACIAS SARA

viernes, 6 de diciembre de 2013

Nadie jamás querrá a una muñeca tan fea

- ¿Crees que siempre lo estropeas todo?
- Sí.
- Y ¿por qué ibas a estropearlo?
- Porque siempre hago todo al revés, como un mundo imaginado, como ese mundo que cantaba aquella voz que ya no recuerdo, a quién pertenecía y por qué les doy golpes sin apenas enterarme porque si me enterara me sentiría morir.
- ¿Crees que se cumplirá?
- ¿El qué?
-No sé, si el Mago de Oz lo quiere así. O a si el hombre del lápiz le parece bien escribirlo. Lo que pasa es que claro, la felicidad sin que te estén haciendo daño, sin enterarte. Es decir que tú quieras a un chico de verdad y él a ti pues no vende. Tal vez tenga que comprar una tarta y soplar las velas.
-¿Crees que eso es mágico?
- No. Ver una estrella fugaz creo que sí. Pero es tan difícil.... Tal vez permanezca toda la noche asomada a la ventana porque estoy desesperada.
- Cuando una persona está desesperada siempre le pasa algo bueno.
- ¿Algo bueno?
- No llores, Sara.
- No pasa nada. Lloro y río, río y lloro. Creo que además soy inestable.
¿Y tu forma de ser? ¿Es tuya?
- Pues tampoco. Un día tengo una personalidad otro día otra totalmente diferente. Es como El país de las maravillas. Alomejor te comes una galleta y te vuelves pequeñita y corres el riesgo de ponerte triste y ahogarte entre tus propias lágrimas aunque puedas colarte por algún agujero que ¿quién sabe? Tal vez te lleve al paraíso. O alomejor te tomas un zumo que te vuelve romántica y dulce. Aunque yo nunca he sido apasionada, no, demasiado fría pero es para salvarlos.
- ¿Tan fría eres? ¿Cómo en el Polo Norte?
- Pues sí, solo que encima hay moscas. Pero es como un mecanismo de defensa que le presto a mi amante, a mi chico, a un amigo por el que no siento nada. Ya sabes. Y te juro que no sabía por qué me gustaba el nombre de Alicia.
- Y ¿por qué crees que te gusta?
- Porque mi mundo, mi vida también es de fantasía. También es un sueño, solo que un sueño malo ¿podré despertar algún día? Sobre la hierba, bajo un árbol y junto a mi hermana. Pero no porque yo no tengo hermanas ni hermanos.
No tengo nada y lo que tengo no es mío en realidad. Prestado, regalado. Solo me tengo a mi misma.
- Creo que tú eres un buen regalo.
- Sí, pero que no gusta. Es como cuando alguien a quien odias te regala algo, sienta fatal.

Todavía no se ha roto del todo el juguete

- Entonces, si dices que no eres la misma que se refleja en el espejo. Que tu rostro no es tu rostro. Que tu físico no es tu físico. ¿Crees que aún queda algo de ti?
- No, todo está trucado. Es una trampa como las que ponen a los osos porque gracias a Dios no soy un ratón. No me gusta husmear ni rumiar. Es mentira que mi mente rumie como me dijeron una vez. No, solo es pensamiento tras pensamiento. Ni siquiera hay intermedios, es decir, que no te aburres. Lo malo es cuando le dan al botón de cámara rápida, creo que tiene un nombre ¿cuál es? Bueno, al menos, no rebovinan y ya hace mucho que no se raya el disco.
- Entonces si no eres un ratón ¿Qué eres?
- Soy gata.
-¿Quieres decir que eres madrileña?
- No, quiero decir que paso todo el día por ahí y solo vuelvo a casa cuando tengo hambre o sueño.
-¿Y también te subes a los tejados?
- No. Solo me columpio cuando no hay ningún niño en el parque.
-¿Te da vergüenza que te vean los niños?
- Todos me saludan, es como si me conocieran pero yo creo que es porque piensan que soy un hada.
-¿Tienes pinta de hada?
- Pues no, la verdad es que soy bastante andrógina pero ellos tienen un mundo a parte donde me ofrecen un lugar. Qué pena que sean tan pequeños y estén indefensos.
- ¿Por qué?
- Porque sino me ayudarían de alguna manera pero lo único que pueden hacer los pobrecillos es regalarme un par de flores. Yo las guardo pero luego no las encuentro porque a ver ¿Una flor para que sirve? Por  eso ella me las tira.
- Alomejor te miran y saludan porque creen que eres otra niña porque ¿cuántos años tienes en realidad?
- Yo soy multiedad. A veces 100, a veces 12 y otras 22, no sé incluso 40 alguna vez.
- Pero físicamente pareces una niña.
- Sí, por eso no intereso a ningún chico.
- Pero has tenido muchos novios ¿no?
- Sí, pero no les gustaba en realidad. Creo que lo único que querían era hacerme daño. No soy de las que se hacen querer ni de las que son de tal manera que es fácil enamorarse de ellas. Todo lo contrario.
- Pero ¿por qué iban a hacerte daño si no te conocían?
- Porque soy débil y vulnerable y se me nota mucho y claro, pueeees... nada. Eso, que son muy crueles.
- Y ¿qué deseas que pase ahora?
- Que un chico bueno se enamore de mi y que no lo estropee.
- Y ¿Por qué ibas a estropearlo?
- Porque siempre hago todo al revés, como un mundo imaginado, como ese mundo que cantaba aquella voz que ya no recuerdo, a quién pertenecía y porque les doy golpes muy fuertes sin ni siquiera tocarles. Pero siempre sin querer.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Cuando estoy dormida entran en casa y me hacen putadas

- Y ¿Qué piensas hacer ahora, Sara?
- Pues no lo sé todavía. A veces siento mucho frío y otras mucho calor. A veces me como una galleta de chocolate y veo a una pareja besándose apasionadamente y otras veces solo puedo leer unas pocas frases de una novela romántica porque... bueno... la verdad... son todas malísimas pero miro al infinito y entonces veo una sonrisa extraña, que no me gusta y cuando me quiero dar cuenta hay un chico a mi lado que sonríe igual y pienso "¿será una señal?" "¿Es que alguien me quiere decir que debo estar con ese chico?" Y el caso es que él sonríe al ver que le estoy mirando, pero sin maldad, como un niño y me da una pista para saber hacia dónde debo tirar y yo haciendo los mismos gestos que un dibujo manga y él metido en averigua tú qué líos pero yo no quiero líos solo quiero liarme con un chico bueno, pero no puedo.
- No quieres tener a un chico por tu veneno ¿no?
- Sí, y porque soy tonta. Al final acabarían maltratándome y siéndome infieles incluso me cogerían envidia porque creo que aún valgo para algo. 
-Pero eso es porque eres genuina. Un diamante en bruto, solo que enterrado o dentro de un cofre bajo el mar. Quien lo encuentre se llevará el premio gordo.
- No, quien lo encuentre será comida para los parásitos. Pero es que ¿usted no se da cuenta de que yo nunca he sido yo?. De que mi rostro no es mi rostro en realidad de que mis gestos no son mis gestos. Ellos me manejan como los hilos de una marioneta y yo todavía me pregunto de qué estoy hecha. Si no reacciono me dejarán morirme.
- Sí, pero es como cualquier comida. Algún ingrediente tuyo quedará ¿no?
- Pues creo que la creatividad y la comprensión ¿Y los parásitos? ¿Son de Dios? ¿Son del Demonio?
- Pero si tú no crees en Dios. Antes me lo has dicho.
- Entonces ¿Del bien o del mal?
- Atacan al bien.
- Eso quiere decir entonces, ¿que soy buena?
- Eso tienes que descubrirlo tú.
- Soy mayor de edad, bastantes años más que 18. Si no lo he descubierto ya puede que solo me de cuenta cuando esté entre gusanos.



Sara se cansó de escribir en la escalera de un portal porque todavía era de día y no tenía que levantarse a encender la luz cada cinco segundos. Pues aún así se cansó y no solo eso sino que también se hartó de escribir a la puerta de un bar, en un banco sin sol, muerta de frío porque ahora sí, esta vez sí había anochecido. Así que por fin volvió a su casa y por fin se quedó dormida. No, no pudo. No, en realidad no se quedó dormida. Sobre una almohada blanda, mullida, llena de dibujos imposibles como las imágenes que siempre acuden a su cabeza. Y la voz seguía preguntando.


- ¿De qué tienes miedo?

Y ella tenía miedo precisamente de eso. De quedarse dormida solo que no lo pudo decir. Muda como una muñeca de porcelana solo que no tan fría ni con un rostro tan espantoso.

- Bueno, Sara y ¿qué piensas cuando te miras en el espejo?
- Pues pienso que no soy yo. En realidad, no sé como verdaderamente soy. No sé cuál es mi verdadero rostro ni mi verdadero cuerpo.
- Pero ¿te gustas?
- Pues no, porque no soy yo y aunque fuera yo tampoco me gustaría.
- ¿Cómo crees que eres en realidad?
- Creo que soy morena, con el pelo liso y el rostro ovalado. Los labios finos, los ojos grandes y una sonrisa amplia y hermosa. Creo que soy bastante delgada y de ese tipo de chicas a las que cualquier cosa les sienta bien. Ah, y nada de nariz griega, nariz pequeña.
- No pareces ignorante.
- Ignorante tal vez no tanto pero sí tonta. Tontísima.

Esta vez no hay título

-¿Qué deseas tú?
- Sí, de pequeña, junto a un Rey Mago falso en Navidad.
- Saliste muy guapa en la foto.
- Sí, era un mundo de fantasía pero cuando desperté me dieron ganas de suicidarme.
- ¿Qué pediste?
- Sí, una madre buena. ¿Qué le vamos a hacer? Y yo sigo cantando canciones de amor que deprimen a todo el mundo. Por favor, ven esta noche. Tira una piedra a mi ventana. Tal vez podamos hablar. Primero por ti y luego tú por mi. No lo entiendo. Es que ¿Tanto destroza el amor? Sí, deprimen las canciones de amor porque son tan bellas, tan bonitas... que es difícil de soportar. Como un mosquito que espera a que te quedes dormida para picarte. Y tal vez no sea un mosquito sino la manzana prohibida o la fresa, ya no me acuerdo. Como ese niño en la playa que hace castillos de arena y se pone tan contento al verlos... pero luego el viento los destroza o algún otro niño malintencionado y entonces él se siente morir con apenas siete años. O como ese chico tan bueno al que le dieron un buen, un brutal golpe en la cabeza, mientras dormía y desde entonces no es capaz de sonreír. Todavía puede, sí, a veces... pero es una sonrisa tensa porque ya no le funcionan ni los labios. Y sí, a veces, también ríe pero es una risa sin sonido.
-¿Y llorar?
- No, llorar no puede.
- ¿Le conoces? ¿Le quieres?
Sí, le conozco pero no, no le quiero. Me gustaría ayudarle. Ah, sí. Ya me acuerdo de la canción...


"Si te hago daño
Es sin querer
Si te hago daño, piensa
Siempre
Es si querer"

- No quiero, no puedo decir más. ¿Sigo siendo atractiva? No, ya sé que no. Además ¿para quién? Para mi misma ya me da igual. Ya no puedo besar, ni acariciar a absolutamente nadie. Los niños tienen la gracia y la bondad que solo puede dar Dios, como el Sol cuando se refleja en el río, como tirar piedras a agua dulce. Responden, como una especie, no sé, de chisporroteo y otra vez tocas el cielo, volar entre las nubes y te imaginas que son de algodón y por fin no te dolerá la cabeza al intentarte quedarte dormida. Y no habrá nadie que te pueda dañar, no tendrás miedo a descansar porque todo el mundo necesita descansar. Y si te duermes tendrás pesadillas, pero en las nubes no. Tengo la cabeza llena de pájaros y no sé que hacer para enviarlos lejos y que mi pobre cabeza se llene de una voz como es debido. Nubes con forma de hada o de duende o de dioses. Estrellas que brillan como ese vestido de lentejuelas de aquella chica que, por fin, iba a rozar el éxito con la puntita de sus dedos. ¿Recuerdas la canción?

"Si te hago daño es sin querer
Si te hago daño
Piensa
Siempre
Es sin querer"

La hierba mojada de lluvia y que te envuelva su perfume. Un regalo bien pensado con un lazo. Un beso sincero aunque solo sea en la mejilla o en el pelo. Un beso sentido. Dar de comer a un perro vagabundo. Y cuidar de esa gata y dejarla ir... que ya volverá. Arrodillarse y rezar aunque Dios no exista. Tener fe aunque sea en una ilusión que jamás se cumplirá. Vana, como la lluvia cuando moja las aceras. Desayunar y volverse a acostar en la cama. Esconder tus secretos o, al menos, algunos pues.... tengo tantos. Como en "Desayuno con diamantes" solo que esta vez el gato muere por eso no habrá servido de nada que tocaras la guitarra en el alféizar o que guardaras el pinta labios en el buzón. Pobrecito. Tejado tras tejado. Tejas rojas y el estómago muerto. Como aquella que ya solo toleraba la leche desnatada. Sí, tocaba la guitarra pero no daba a su gato de comer.
-¿Por qué ? ¿Es que acaso estaba enferma?
- Muy enferma. Tanto que no se enteraba ni del día que era, ni de la hora que era. Ni si habían pasado ya dos años o cuatro desde que su última pareja (antes de tener a otra) la dejó. Porque siempre la dejaban. Se adelantaban porque en realidad era ella la que quería abandonarlos. ¿Piso el suelo? ¿Piso tierra firme? ¿Sé diferenciar lo que es real de lo que no lo es?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

No hay más, nada, nunca, nadie

- No sé qué hizo. No sé cómo. Ya no me acuerdo cuando. Creo que fue en una marquesina mientras él esperaba el autobús. Hizo algo horrible pero yo sonreí.
- ¿Como hacerte de su equipo?
- No lo sé. Tal vez sí. Es que soy tonta. Por desgracia no tengo la mente muy bien amueblada.
- Entonces, ¿como un partido de fútbol?
- No, algo mejor. La vida, vivir. Vivir es hermoso. El frío es hermoso, el calor es hermoso y la hierba recién mojada que huele a gloria donde solo habitan los ángeles que son tan puros que ni siquiera tienen sexo. O esa mariposa que se te cruza y te da la oportunidad de pedir un deseo. Y sí, hay una responsabilidad porque tal vez pidas algo equivocado, tal vez no sepas o no puedas porque ya te he dicho que soy tonta. ¿Se cumplirá mi deseo?
- Sí, preciosa. Se cumplirá. ¿Qué deseas tú?


Ahora mismo no puedo escribir más. Aunque hay mucho que decir. Hay mucho escrito. Pero estoy cansada y muy deprimida. Mañana seguiré. Lo prometo. Imprimiré está porquería, la encuadernaré y la enviaré a editoriales. Aunque sea lo último que haga. Y los poemas para él. Sí, también he escrito un libro de poemas para él. Te quiero, hallá donde estés.

martes, 3 de diciembre de 2013

No existen las casualidades por eso este año serán unas Navidades alegres

-¿Qué te gusta hacer, Sara?
- Muchas cosas, solo que no tengo paciencia. Es muy difícil tener paciencia cuando los pensamientos suenan tan alto, cuando escuchas ladrar a un perro que esta a 100 Kilómetros, cuando escuchas el llanto de un bebé que te despierta a media noche y vive en una calle muy lejana a la tuya, cuando escuchas chillar a alguien desesperado.
-¿Que está lejos?
-Sí, tal vez en Holanda, un país que me gusta porque todo el mundo va en bicicleta y se respira mejor. Como en el campo, lleno de flores. Como en la sierra donde el frío es apacible. Sí, me molesta el ruido pero no el canto de las sirenas que me duermen, que deben ser la nana de los adultos. Me gustan también sus pechos aunque sea una chica. Son perfectos, aunque no, pensándolo mejor no pueden ser perfectos o sí porque no son seres de este mundo.
- ¿Te gustan las mujeres?
- No, solo que son tan bonitas... Todas tienen algo bello. Como los dibujos de los niños, no están bien hechos pero son bellos, tienen bondad.
- ¿Crees que las mujeres tienen bondad?
- Le dejé y ahora me duele.
- No es eso lo que te he preguntado.
- Bueno, está bien, responderé. Pues creo que la mayoría de las mujeres son unas brujas aunque no vayan en una escoba volando por los cielos, aunque pisen tierra firme, aunque les de alergia los gatos negros, aunque no tengan una nariz grande y horrible. La mayoría son brujas, son malas, siempre ganan si son así.
- Pero tú eres una mujer.
- Creo que no.
- Entonces ¿qué eres?
- Ya te lo dije antes. Soy viento, lluvia, tormenta.... Solo que también hago daño pero no como ellas sino como en esa canción de aquella película tan bonita. ¿Cómo se titulaba? ¿La fuente azul?, ¿La fuente rosa?, ¿La fuente verde? ¡Ah, sí! La fuente amarilla. La vi cuando tenía 20 años ¿Y ahora? ¿Cuántos años tengo? Creo que 32, no 33 o.... La actriz era encantadora. Bella por dentro y bella por fuera pero no la envidio, la admiro. Yo no soy envidiosa solo admiro e imito. Se imitar muy bien. Al principio no sabía lo que me pasaba. Por qué me comportaba o hablaba igual que ese chico o que esa chica. Hasta que me di cuenta de que los imitaba. ¿Como puedo hacerlo tan bien?

lunes, 2 de diciembre de 2013

Sigue hablando, contando solo tonterias

- Bueno, al menos esos sentimientos, no llegaron a tirarlos al cubo de la basura. Andan por algún lugar, por ahí, dando vueltas. Mientras el viento los arrastra. Hasta que algún curioso abra el papel y aún así, arrugado, volveremos a estar juntos. De todos modos tengo suerte.
- ¿Por qué?
- Pues porque influyo en el tiempo, manejo los vendabales, la lluvia, la tormenta... creo que soy como una diosa de los temporales.
- Entonces ¿Puedes solucionarlo, no?
- Sí, solo que debo permanecer tranquila para que salga el Sol en invierno y sus rayos, llenos de amor penetren en su pobre cabeza y entonces me recuerde y se de cuenta de que no hay otra como yo, de que mi mente es tan comprensiva, tan vulnerable y tan alucinante como la suya. Porque nos hicimos uno. Él como yo, yo como él y todo por una gilipollez. Porque yo soy una auténtica descerebrada. Tal vez le de por buscarme y me encuentre ¿quién sabe? Y tal vez se le ocurra, se atreva a besarme justo como a mi me gusta.
- Y ¿cómo te gusta?
- Suave, despacio, dulce y un poquito amargo porque sino no es divertido. Fue una mentira bonita. Sus ojos decían una cosa y sus labios otra como la Mona Lisa solo que él era ¿Qué era? No lo sé bien pero algo muy hermoso. La verdad es que yo no sabía si creer en el azul o en el rosa ¿me entiendes, no? Si en sus ojos o en sus labios, es que sus labios eran rosas.
- ¿Su pelo?
- Sí, me hubiera encantado acariciarlo solo que no quería provocarle un dolor de cabeza. Intuía pero no sabía y al final bueno, mejor no decirlo. Le detestaba y a la vez le deseaba. ¿Ambivalente? Pues sí como aquel libro ¿Como se titulaba? Sí, aquel, el que escribió el Arcipreste de Hita. Ah, sí. "El libro de buen amor". Una auténtica locura para una niña que ya está amargada. Tan pequeña, andando sola, cruzando las calles sola, durante ¿cuánto tiempo? Por lo menos una hora. "Abre la puerta solita y quédate sola toda la noche, prepárate tú misma la cena con tan solo ocho años y vuélvete loca porque no aciertas a saber como van esas dichosas ecuaciones". Me hicieron sentir odio, rabia pero luego le conocí a él. ¿Existe algo más triste? Seguro que sí. Fui a caer en las peores casillas y no sé por qué pero sé exactamente por qué. Los dados estaban trucados desde el principio porque no, no fue mala suerte. Pensé en un amuleto, una castaña en tu bolsillo, una hoja que cae sobre tu cabeza y piensas que es un regalo para ti y la guardas, sí, la guardas, entre las páginas de un libro. Pero luego me di cuenta de que nada de eso servía porque son ellos. El hombre del lápiz, el Mago de Oz. Ellos son los que tienen el poder y seguirán escribiendo y seguirán dirigiendo solo desgracias porque yo he nacido para ser desgraciada. ¿Qué tengo que hacer para que mi historia sea feliz y bonita? ¿Entregar mi alma? Sí, una vez la entregué a cambio de mi voz que es de niña rota pero no por dinero sino por amor como aquel que solo existe en mi mundo y que acabó vendiéndose después de ser un diamante salido de las tinieblas. Y, aún así, jamás dejó ver su verdadera belleza porque, sí, no estamos en el cielo. No temo la muerte, no temo la enfermedad. En realidad nada de lo que tengo que parece que es mío lo es en realidad. Es prestado y lo que es mío está estropeado aunque sé perfectamente que no he sido yo quien lo ha hecho. Estropeado, sí. Como mi pobre cabeza que aún conserva algo de encanto. Como ese peluche despelujado a quien te resistes a tirar a la basura porque conserva algo hermoso, como ese niño que no hace más que romperse la crisma contra la pared pero que tiene una risa burbujeante y sus burbujas te emborrachan como el champang. El champang, sí, pero no en Navidad porque no son cínicas sino puras como rezar siendo ingenuo.

Y sobre la cabeza un millón de mariposas

- Y ahora, ¿A qué se dedica, Sara?
- Bueno, voy al parque todos los días a recoger hojas secas porque... ¿Estamos en Otoño, no?
Me da la sensación. Bueno, la sensación no, creo firmemente que son las lágrimas de los árboles. Todos los árboles en Otoño están muy tristes y a mi me da pena por eso guardo sus lágrimas en una gran caja llena de plantas aromáticas, porque un olor tan dulce, un olor así, hace sentir tan bien..es como si te acabaras de duchar y tu chico te diera un beso en el cuello. Se sentiría en el cielo.
- Y ahora, Sara. ¿Tienes chico?
- No, no puedo. Aunque me gustaría.
- ¿Por qué?
- Porque tengo veneno en la piel y, sobre todo, en mi sexo. Si me lo hago con un chico. Si le beso, si tengo cualquier tipo de relación con él les vuelvo unos hijos de puta. Me quedaré así, sola, tal vez pueda conseguir una casa y una gata y plantas y pájaros. Vida a la que no pueda dañar.
- Es muy triste, Sara.
- Sí, pero aún quedan cosas hermosas.
- ¿Como qué?
- Como unos zapatitos de niña, como una rosa a media noche, como salir al balcón y cantar una canción, como que Romeo vuelva.
- ¿Estás enganchada a algo?
- Pues claro: al amor. Es la peor droga que hay, la que más destroza pero, al final, vas al cielo.
- ¿Crees en Dios?
- No, creo que de mi se aprovecharán hasta cuando esté muerta. Alguien me sacará de la tumba pero no resucitaré, simplemente no sentiré nada. Y mis escritos serán publicados a nombre de otro y ¿quién sabe? Tal vez, hasta tengan éxito.
- ¿Tienes miedo?
- No, solo tengo miedo de una cosa: de enamorarme. ¿Soy bonita, al menos?
- No eres bonita, ni guapa, ni atractiva. Eres bella porque tienes un corazón muy grande.
- ¿Y tú?, ¿Cómo lo sabes?
- Porque soy de otro mundo más evolucionado, porque provengo de las estrellas, de otra galaxia.  No puedo darte más pistas.
- ¿Me moriré?
- Nadie muere. La muerte es otra mentira, otro timo más, por eso no hay que tenerle miedo.

- Pero sí tengo miedo.
- Entonces métete dentro de un buen cuadro y vive una aventura. Es posible, aunque no lo creas.
- Le quiero.
- Y ¿por qué llevas el pelo corto?
- No sé, me gusta.
- Sí, pero ¿por qué?
- Porque creo que las chicas que llevan el pelo corto son chicas con mucho coraje como el que se esta ahogando en el mar y es capaz de sacar la cabeza para seguir respirando, para seguir viviendo porque, a pesar de todo, ama la vida. El canto hermoso de un ruiseñor, una nube con forma de sirena... como ese loco que aún ríe. Como una huérfana que encuentra unos buenos padres y así jamás será violada. Es bonito llevar en una chica el pelo corto. No es tan fácil. Hay que ser muy hermosa para atreverse.
-¿Te lo cortaste tú por última vez?
- No.
- ¿Entonces?
- Pues alguien extraño con una mirada triste y sonrisa corta.
- ¿Tu novio?
- No, no era mi novio, ni mi chico. Solo alguien a quien conocí y me acompañó durante algún tiempo.
-¿Era tu amigo?
- No, solo me hablaba. Solo le hablaba y, a veces, le hacía sonreír y, a veces, me hacía sonreír pero nuestros sentimientos los arrugaron como cuando te sale mal un dibujo y se esfumaron de pronto, como una estrella fugaz.

Esta es Sara

- ¿Qué fue? ¿Qué pasó?
- No lo sé. Solo se que no acierto a saber cuál es la verdad.
- ¿Cuál es tu verdad?
- Mi verdad es el amor por eso estoy tan jodida.
-¿Te han hecho daño, Sara?
- Sí, desde pequeña. Mi vida siempre ha sido un mal sueño, una pesadilla donde nunca sabes qué hora es.
- ¿Cuántos años tienes?
- Creo que 33 o no, no lo sé. Tal vez los cumpla el año que viene, no sé en qué mes pero creo que soy Cancer. Por eso lo de la Luna que siempre parece que está cantando una canción muy triste pero es que la banda sonora de mi película es muy triste porque mi vida es una verdadera putada.
- ¿Has estado con algún chico alguna vez?
- Bueno, solo con diez. A mi me encanta tener el pelo corto y siempre les decía que me lo cortaran y ellos lo hacían. Es que nunca he encontrado a ningún chico bueno. Tal vez quede alguno, en las estrellas, bajo mis pies, en esas golosinas que me gusta comer aunque ya no sea una niña.
- ¿Te sientes una niña?
- Pues no. Porque de niña te sientes feliz o, al menos, un poco, no sé, al menos.
- Entonces ¿te sientes una mujer?
- Pues tampoco. Porque las mujeres saben lo que quieren y son femeninas y yo ni se lo que quiero ni soy femenina. Verá, yo tengo algo en mi sexo. Sí, me da vergüenza confesarlo pero yo tengo algo en mi sexo que vuelve a los tíos en unos verdaderos hijos de puta. Yo quería tener otro hijo y le engañé ¿Por qué es tan fácil?
-¿Fácil? ¿El qué?

- Meter la pata. Que siempre salga la cara por la que no has apostado y, sobre todo, no poder olvidar.
- No le puedes olvidar ¿verdad?
- Pues no, porque sus ojos eran tan claros como un estanque protegido que jamás ha sido tocado por los dedos sucios de ningún ser humano, porque sus cabellos eran hilos de oro, porque su sonrisa era perfecta, perfectamente blanca como cuando jugaba en la nieve con mi niño.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Pues... no sé. Tal vez coleccionar figuritas.
- ¿Te gustan las figuritas?
- Pues no, porque son estáticas y están muertas. Una vez conocí a un muerto: mi padrastro. Su rostro era impávido, impertérrito, completamente inmóvil. Tampoco movía los pies, ni las piernas, ni los brazos... entonces comprendí, aunque aún era muy niña que la "Vendedora de fósforos" no murió bajo una farola helada de frío sino envenenada. Ella miraba tras las ventanas de las casas de las calles y veía y sentía la felicidad de una familia y a la luz de un fósforo imaginaba cosas maravillosas. ¿Dónde estará ahora la "Vendedora de fósforos"?
- Solo es un cuento, Sara.
- No, yo creo que no. Yo creo que al fin ríe junto a los ángeles.
-¿Volverás allí?
- Supongo que sí, pero no sé cuando.
- Hace frío, mucho frío Sara. Vete a un lugar donde de el Sol.
- Sí, me encanta el Sol. Su abrazo no se parece al de ningún ser humano.
- Claro porque es un astro.
- Si pero piensa, siente, ríe, llora. Fuego eterno.
- ¿El infierno?
- No peor aún: el amor.